martes, 26 de febrero de 2013

-LA PALANCA OBRERA-


     Recuerdo la cara de asombro que puse la primera vez que escuché la frase de la cabecera. Era mi primer trabajo serio, mi primera incursión en las entrañas de la montaña, en busca del negro mineral. En el tiempo de bocadillo, y mientras rondaban un par de botas de vino, mis mentores me explicaron que la frase se refería a la presión que es capaz de hacer el obrero, cuando está unido, para arrancar del empresario un compromiso de mejora, un derecho. Todo esto sin que tiemble, por supuesto, su afán por los lujos, por el derroche. Sin que merme un ápice, su ego de dominador. ¡No hay que abusar!

         
          Si extrapolamos hacia un entorno más amplio, y tomamos de referencia al obrero, y lo cambiamos por el pueblo, y al empresario y lo sustituimos por el gobierno, podemos comprobar que en ambos casos, la situación es la misma. La medida de presión debe ser idéntica. Cuanto más persistente y numerosa sea la manifestación, más temerosos se vuelven. Lo único que cambia es que, a un cargo público no le echas ni con agua hirviendo, ni con una barra de uña, y lo acabamos de comprobar con los casos de corrupción. Pero  mientras no teman que peligra su puesto, siempre hay esperanza de que ceda, siempre que las voces sean mayoritarias y perseverantes. ¡Puede que ellos solos se caigan!



            A fin de cuentas, en eso consiste la palanca obrera. En buscar el mejor punto de apoyo, y conseguir que la fuerza nuestra sea mayor. Que, aún después de la frustración y del dolor, el desgastado y derrotado sea el gobierno, o para casos más particulares, el empresario. La base de todo ello es la resistencia. Ellos tienen más armas para debilitarnos, debemos de restarles la influencia que ellos aprovechan para envolverse en inmunidad. Por encima de todo aman el poder, y ése es uno de los objetivos, que el poder no sea absoluto. Sólo tenemos un arma para combatir, la unión, primero en las urnas, y si nos engañan con falsas promesas, y necesitamos invertir la situación, después nos queda la calle. Allí es donde debemos igualar la fuerza. ¡La calle les incomoda!


          Resistencia, más fuerza, más apoyo, da el resultado buscado.
Pequeñas y honrosas victorias que sirven para aclarar quien debe tener el mando. 
          ¡Pequeñas victorias que hacen grande al pueblo!

lunes, 25 de febrero de 2013

          -RESTAURANTES DE COMIDA BASURA-
               


               En esto estamos los españoles, hundidos en la apretura del cinto fascista que oprime nuestro salario, mientras a diario, el gobierno, nos sorprende con actitudes anti solidarias.       
            Incomprensible, pero de manera irremediable, aceptamos un punzante goteo de pérdidas sociales, que tanto costó arrancar al empresario. 
       Que nadie crea que la lucha por conseguir todos estos derechos, no se llevó nada por delante. 
        Meses de jornales que no permitían llegar a fin de mes, jornadas de frío a la entrada de cualquier fábrica o explotación, enfrentamientos a excitados anti-disturbios, encierros que deterioraban la salud...etc. Y sacrificio, mucho sacrificio.
        

               Se llevó el orgullo del proletario, ante la consecución de las costosas hazañas. Envalentonó al empresario, que con el pecho henchido, ríe de los logros que le han puesto en bandeja de plata, mientras recoge los frutos de la explotación que, desde arriba le regalan.
               
              Ahora, a menudo cabizbajos, cedemos, extorsionados por excusas que sirven para debilitarnos: la crisis, el paro, el hambre, los créditos..., y de ninguno de ellos somos responsables, pero pagamos con dolor de corazón obrero. Asistimos a escandalosos rescates a entidades dirigidas por irresponsables, a los cuales les jubilan y les finiquitan con cifras desesperantes. Nuestros dirigentes pasean sueldos sus astronómicos, mientras a ti te exigen que te reajustes el salario a la baja, para no permitir la pérdida de empleos. Pero por si fuera poco, hacen uso de su influencia para adjudicarse el derecho a que, las fuerzas del orden del estado, se partan el pecho por ellos.

              
            No hay excusa, son demasiadas pérdidas, y los sacrificios siempre corren de la misma parte. Tiene que haber ojos políticos, que vean igual de claro. Tiene que haber brazos, que se levanten cuando estemos cerca de rendirnos. Tiene que haber piernas, que  corran en el mismo sentido que el pueblo. Tiene que haber sentido común, entre el frío hormigón que fragua el cómodo Hemiciclo. Tiene que haber lenguas que expresen los deseos del pueblo. El pueblo clama, y exige un cambio.
                          
                           ¡VIVA LA III REPÚBLICA!